Comenzar una nueva vida no es fácil. Y más cuando uno lo hace sin nadie a su lado, ni familia, ni amigos, ni por supuesto sin mi compañera de viaje durante todos estos años, y a la que más echo en falta a mi lado todos los días.

Da igual la belleza de la ciudad -Cambridge es un sitio maravilloso, lleno de parques y árboles, edificios antiguos y esa construcción tan característica llamada «victorian terrace», casitas de ladrillo-, da igual que haga sol o llueva, da igual el grandísimo privilegio de estar en la quinta mejor universidad del mundo -según el Ranking de Shanghai-… Al final todo parece que es uno sólo contra el mundo.

Buscar casa es complicado (y caro), y relacionarse con gente es aún más difícil. Indudablemente esto sirve muchísimo para darte cuenta de las personas a las que tienes al lado día a día, en tu casa, en tu trabajo, y que a veces ni siquiera te das cuenta de que por el mero hecho de estar ahí.

Pero el ser humano está hecho para adaptarse. Y con ello, la capacidad de abrirse uno mismo, de descubrir nuevos lugares, sensaciones, se agudiza. Y se revela la naturaleza humana que hay detrás de todo, al fin y al cabo somos seres sociales.

Y tras unos días, la vida se normaliza. Las calles no se hacen tan extrañas. El trabajo da sus frutos. Y la vida comienza.

Publicado por fjmartinezmurcia

Ingeniero de Telecomunicación y Doctor en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones por la Universidad de Granada. Investigador Juan de la Cierva en la Universidad de Málaga, especializado en procesamiento y análisis de señales e imágenes médicas cerebrales. Finalista en Famelab 2018 y ganador de 3-Minute Thesis granada 2017. Músico y friki sin remedio.

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